Ferrería Olazar - aizkorriaratzparkea
Ola-Zar: el legado de la antigua ferrería convertido en espacio para la memoria
Ola-Zar: el legado de la antigua ferrería convertido en espacio para la memoria
Ola-Zar, es uno de los espacios más simbólicos del Itinerario Didáctico del Bosque Industrial. El actual complejo recreativo, inaugurado en 1975 sobre los terrenos que ocupó la antigua ferrería de San Pedro de Araya, representa la transformación de un lugar dedicado durante siglos a la producción del hierro en un espacio de encuentro ciudadano y de conservación de la memoria industrial.
Al acceder al recinto, el visitante atraviesa un dintel de piedra procedente de la desaparecida ferrería, donde permanecen grabados su nombre y las fechas que marcan el inicio de su historia y el nacimiento del actual complejo. En su interior se conservan elementos originales como la fuente de hierro y el martillo pilón, piezas que evocan la intensa actividad que convirtió este enclave en el origen de la gran industria siderúrgica alavesa.
Los orígenes de una ferrería con larga tradición
La historia de este lugar se remonta al siglo XVIII, cuando existía ya la ferrería de Ola-Zar, una instalación propiedad del concejo de Araya que aprovechaba la fuerza hidráulica de los ríos para la elaboración del hierro. En 1819 pasó a manos del comerciante vitoriano José María Urniza, manteniendo una actividad que resultó excepcional en un momento en el que muchas ferrerías tradicionales comenzaban a desaparecer.
La continuidad de Ola-Zar permitió conservar unas instalaciones plenamente operativas y, sobre todo, una población especializada en el trabajo del hierro. Herreros, carboneros, canteros, carreteros y otros oficios vinculados a la producción metalúrgica constituían una mano de obra altamente cualificada que sería decisiva para el desarrollo industrial de la comarca.
El nacimiento de la primera siderurgia de Álava
A mediados del siglo XIX, el contexto económico favoreció el surgimiento de una nueva industria del hierro en el País Vasco. La implantación de aranceles proteccionistas tras el traslado de las aduanas a la costa abrió nuevas oportunidades para abastecer el mercado interior español y estimuló la creación de modernas fábricas siderúrgicas.
En este escenario, en 1847, los empresarios Fernández de Larrea y Ajuria adquirieron la antigua ferrería de Ola-Zar a José María Urniza. Ambos se comprometieron a mantener la plantilla y la producción mientras impulsaban un ambicioso proyecto industrial. Apenas un año después comenzaba su actividad la Fábrica de Hierros de San Pedro de Araya, considerada la primera fábrica siderúrgica de Álava y la segunda del País Vasco,precedida por la planta de Santa Ana de Bolueta. Desde este lugar se inició una profunda transformación económica que situó a Araia como uno de los principales centros industriales del territorio.
De la ferrería tradicional a la memoria industrial
Durante la primera mitad del siglo XIX, la mayor parte de las ferrerías vascas desaparecieron como consecuencia del agotamiento de los bosques, el incremento del coste del carbón vegetal y las dificultades del transporte. Muchas de ellas fueron reconvertidas en molinos harineros o abandonadas definitivamente.
La ferrería de San Pedro de Araya constituyó una notable excepción. Su permanencia permitió aprovechar las infraestructuras existentes para dar el salto desde la producción tradicional hacia la moderna siderurgia, convirtiéndose en el puente entre dos formas de entender la fabricación del hierro. Este proceso de transformación constituye uno de los episodios más relevantes de la industrialización alavesa.
Un espacio para conservar la memoria del hierro
Tras el cese definitivo de la actividad industrial, el antiguo recinto encontró una nueva función. En 1975 se inauguró el complejo recreativo Ola-Zar, diseñado por el ingeniero Miguel Ángel Lecuona, integrando en un mismo espacio el ocio ciudadano y la preservación del patrimonio histórico.
El dintel original de la ferrería da hoy la bienvenida a los visitantes, mientras que la antigua fuente de hierro y el martillo pilón recuerdan el trabajo de generaciones de obreros que forjaron la identidad industrial de Araia. El entorno donde durante siglos resonó el golpe del hierro sobre el yunque se ha transformado en un lugar de encuentro y descanso que mantiene viva la memoria colectiva. Ola-Zar demuestra que el patrimonio industrial puede seguir desempeñando una función social, acercando al visitante la historia de una comunidad cuyo desarrollo estuvo íntimamente ligado al hierro, al agua y al esfuerzo de sus habitantes.
